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En el año 1492 los reyes cristianos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla decretaron la expulsión o conversión de todos los judíos españoles que desde los primeros siglos de nuestra era habitaban la península. A principios del siglo XVIII las colonias sefarditas del Este y Oeste del Mediterráneo constituían dos culturas claramente diferencias e independientes: la del Mediterráneo oriental influenciada por Turquía y los Balcanes y la del Mediterráneo occidental, claramente influida por elementos marroquíes y españoles. Los judíos españoles de la diáspora transmitieron a sus hijos su pasado español medieval: las costumbres y tradiciones, lengua, música y cantos que, de generación en generación, permanecieron hasta nuestros días. En la interpretación de la música tradicional predominaba la voz femenina. Los hombres, que conocían el hebreo, participaban en la liturgia sinagogal y llevaban la voz cantante en las canciones para-litúrgicas y coplas transmitidas en fuentes impresas. Las mujeres no conocían en general la escritura hebrea y cantaban en judeo-español que era la lengua diaria. Los cantos hacen referencia al ciclo de la vida: nacimiento, crecimiento y muerte, encontrándose grandes diferencias entre las melodías que proceden de ambas zonas principales de la diáspora. Aquellos romances antiguos salidos con ellos de España eran y siguen siendo aún los romances en lengua judeo-española, a los que se conoce como "romansas" y describen la vida de los judíos al tiempo que refieren la historia de España. Es evidente, por otro lado, que la incorporación de melodías y textos de épocas más recientes, así como la movilidad de las distintas comunidades provocara el crecimiento del repertorio tradicional, hablando por tanto, en este caso, de "kantikas". |
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